La vieja guitarra

la vieja guitarra

 

 

 

Recuerdo que hace años el Papa Benedicto XVI mantuvo una entrevista televisada con siete personas de diferentes puntos del mundo que conectaban a la vez con el Vaticano. Los temas fueron muy variados, y la novedad era que personas de diferente edad y condición planteaban preguntas sobre diferentes aspectos de la fe y pedían consejo al Santo Padre. A mí me llamó especialmente la atención la pregunta de una madre que tenía un hijo en estado vegetativo que aparecía sentado en su silla de ruedas con los ojos abiertos, pero perdidos en alguna parte. La mujer preguntó al Papa si su hijo tenía alma todavía, ya que no respondía a ningún estímulo, y él respondió que sí, que su alma permanecía en el interior, y puso una comparación para que lo entendiéramos: es como una guitarra que tiene las cuerdas rotas; no suena, pero sigue siendo una guitarra. Por ello, aconsejaba a su madre que le siguiera dispensando esos cuidados y ese cariño, sabiendo que esto, a los ojos de Dios, tenía un valor incalculable.

 

El hecho de que estos enfermos no respondan a ningún estímulo, no quiere decir desde un punto de vista científico que no perciban algo, de alguna forma. De hecho, las experiencias que se han realizado con pruebas de imágenes funcionales (resonancia magnética) tratando de demostrar si esos estímulos producen cambios en el cerebro no han sido concluyentes. En mi experiencia como médico en la unidad de cuidados paliativos, cuando un familiar quería información sobre un paciente que estaba sedado, nos salíamos a la puerta de la habitación, ya que sabíamos que en algunos casos los pacientes podían oír a pesar de estar sedados.

 

Recuerdo también aquella experiencia que tuvo mi mujer (es enfermera) con un paciente en estado vegetativo, cuando con motivo de su cumpleaños sus hijos le regalaron un pequeño libro en el que contaban cómo había sido su vida, incluyendo algunas fotografías. Sus hijos se lo leyeron a pie de cama, y seguro que alguien podría decir que para qué tanto esfuerzo si él parecía no sentir nada. Su mujer luego comentó a Mari Carmen que mientras le leían el libro el paciente derramó unas lágrimas, lo cual confirma la idea de muchos neurólogos y neurocientíficos de que hay que tratar a estos enfermos como si nos estuvieran oyendo, hablándoles y dándoles todo el cariño posible, porque a lo mejor alguno de estos estímulos llega a algún lugar del cerebro y es la mejor forma de que el paciente siga unido a nosotros y se sienta bien gracias al cariño que recibe.

 

¿Por qué hago esta reflexión precisamente yo? Pues muy sencillo, porque mi enfermedad la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) va deteriorando progresivamente al enfermo privándole del movimiento, con lo cual esa guitarra nueva que fuimos se va deteriorando, perdiendo el barniz, travesaños, y alguna de sus cuerdas, e incluso, en estadíos avanzados, se puede llegar a perder la última de las cuerdas, quedando la “guitarra vieja y muda”. Ojalá que cuando llegue ese momento los míos no piensen que soy una vieja guitarra, sino Jesús, el que siempre fui y el que soy, aunque ya no suene, ya que mi alma siempre estará conmigo. Ojalá que no pase ningún “entendido” que trate de convencer a los demás de que sufro y de que eso no es vida y quizá proponga que la eutanasia es la mejor propuesta para mí. Yo le diría a ese señor que se meta en sus asuntos y que me deje a mí decidir cómo deseo vivir, ya que aunque privado de movilidad y comunicación, los abrazos y cuidados de los míos serán un motivo más que suficiente para seguir viviendo a pesar de que desde fuera parezca una vieja guitarra inútil.

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2 Comentarios to “La vieja guitarra”

  1. Luisa Gutiérrez Millán dice:

    Jesús, muchas gracias por compartir estas reflexiones con nosotros,ponen muchas cosas en su sitio y creo que son un aliciente para cantidad de personas que aún no tienen las ideas definidas, debido quizas a que los medios de comunicación solo venden que la vida solo es tal si se tiene un cuerpo diez…
    Vida y felicidad es lo que personas como tú ofreceis a todos cuantos os rodean.
    gracias por ser así.
    Un abrazo para ti y toda la familia. LUISA GUTIÉRREZ

    • jesús marchal dice:

      Querida Luisa: gracias a ti por responder. Las vivencias que trato de compartir son las que siento ahora desde mi condición de enfermo, no desde una teoría o una moda, sino desde la vida misma.
      Un abrazo.

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