Pequeñas cosas con gran amor

ángel blanco navidad

Falta poco para que llegue la Navidad, un tiempo en el que suenan villancicos entrañables, se celebran comidas familiares, salimos a comprar regalos, adornamos la casa con luces y se respira paz y felicidad. Sin embargo es una mala época para muchas personas que han tenido una pérdida; es como si ésta se acentuara más en estos días, se siente más la ausencia.

Entre todas las pérdidas quizás sea la de un ser querido la más sensible, pero hay otras  también dolorosas, como en la actualidad millones de personas que no tienen lo necesario para vivir en nuestro país. Probablemente  ellos no sientan esa alegría ficticia que venden los grandes almacenes.

Pero yo quería detenerme, porque la vivo en mi propia carne, en la pérdida de capacidades y habilidades que provoca la enfermedad, a veces para siempre. En esta época añoras aquello que ya no tienes, te comparas con aquel que fuiste hace tiempo y te entristeces. Esto es a veces un sentimiento pasajero pero en otras ocasiones se convierte en una vivencia aplastante que te impide casi respirar y que solo encuentra salida en un llanto desconsolado.

No me encuentro mal, solo hago mías las vivencias de otros compañeros de patología, que conozco a través de internet  y las comparto y las comprendo. Hace poco recibí un correo de una mujer que tenía otra enfermedad neurodegenerativa que había leído mi libro y me contaba una lista interminable de problemas asociados a la enfermedad y el dolor que le habían provocado, y me preguntaba que dónde estaba ese amigo Jesús del que tanto hablo.

madre teresa de calcultaHumanamente creo que no podemos entender el dolor. Y andaba yo buscando razones, fórmulas, soluciones mágicas que ayudaran a mitigar el dolor de mis amigos cuando recibí por correo un vídeo de la Madre Teresa de Calcuta (creo que Dios se ha apuntado a las nuevas tecnologías para hablarnos). Ella decía: “Lo importante no es cuanto hacemos o lo grande que es sino cuanto amor ponemos en lo que hacemos porque somos seres humanos y para nosotros se ve muy pequeño pero una vez que se lo entregamos a Dios esa pequeña acción se transforma en una acción infinita”.

O sea pequeñas cosas realizadas con gran amor pueden trascender y convertirse en tesoros que brillan e iluminan la vida de una persona, incluso la de alguien como yo que solo mueve un dedo de la mano. Digo esto porque yo hacer, lo que es hacer hago poco, pero he descubierto que las personas no somos más por hacer cosas, somos dignas solo por el hecho de existir.

Quería compartir una de estas “pequeñas cosas” de mi vida. Mi hija María me dice hace poco que yo soy un bebé y ella es mi mamá. Es una frase encantadora, pero ¿qué ocurre si le añades amor y vuelcas tu corazón en ello?  Cuando ella llega del colegio siempre le pregunto cómo le ha ido; al poco tiempo me dijo ¿cómo te ha ido en la “guarde” bebé? (guarde es guardería en idioma bebesiano, de bebés). Y yo le decía: “mami he suspendido en el examen de potitos”,  y ella se parte de risa y promete que me ayudará en la recuperación.  Después vinieron los exámenes de pañalotes y el de bibis (biberón en bebesiano), y como en toda buena historia que se precie apareció el malo: Pedrito, el bebé más travieso de la guarde, que le baja los pañales a las niñas y quita los bibis a los niños. En fin una locura. Solo una frase que con amor se ha transformado en una acción infinita a los ojos de Dios y que ha encendido nuestros corazones.

Aunque cada uno tenga unas circunstancias concretas creo que este es un buen camino para todos. Cuando me acuesto por la noche y reviso el día compruebo como el camino tiene a los lados pequeños puntos de luz que lo llenan de luz y de calor. Pequeñas cosas hechas con amor: conversar con un amigo, sonreir a tu cuidadora,  hablar con cariño … que se transforman en acciones inmensas que llenan nuestro corazón de paz, amor y felicidad.

papa franciscoCuando he vuelto a leer el texto me doy cuenta de que esta navidad que he contado se queda un poco descafeinada. En esta ocasión el que me ilumina es el Papa Francisco, quien con su habitual naturalidad  dice en un documento que estoy leyendo: “Jesús, me he dejado engañar y de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez. Te necesito. Rescátame de nuevo, acéptame una vez más entre tus brazos. ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!”

Creo no equivocarme si le digo con cariño a mi amiga que este tiempo de Navidad es muy apropiado para encontrarse con el Amigo, con el Jesús pobre y humilde que nace en un portal y si le abrimos la puerta también lo hará en nuestro corazón. Nadie como Él para acompañarnos, compartir, comprendernos y reconfortarnos. Los enfermos no necesitamos por lo general grandes acciones sino a alguien cercano que nos acoja y nos entienda, y mi amigo Jesús es el mejor.   ¡Feliz Navidad!

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