Sonreir y hablar

Hola

Me asomo a este espacio de reflexiones para contar una de mis experiencias
recientes con Jesús, ya que no todo el mundo tiene la suerte de poder
compartir un rato de conversación con él.

Regreso de vacaciones y visito a mi hermano en su domicilio en Jaén. Entro en su salón, donde Jesús pasa la mayor parte de su vida en su sillón, y lo primero que nos recibe es su cálida sonrisa. Tras las salutaciones, besos y preguntas de cortesía, mantenemos una conversación que se prolongará por más de una hora.

Pregunta y se interesa por todos como si nada le sucediera a él, hace
preguntas y repreguntas interesándose por la vida del recién llegado, por sus
logros, por sus problemas, poniéndose en su lugar, aportando algún consejo,
pero siempre, siempre, con su sonrisa.

Le llevo un espeto de sardinas encargado por mi hermano Cristóbal y que han
preparado especialmente para él en el chiringuito “María” en Málaga (el dueño
del chiringuito se emocionó cuando le di las gracias por el detalle). Mira las
sardinas y se le iluminan los ojos, como las comía cuando nos juntábamos los
hermanos en Málaga y compartíamos playa y momentos de complicidad. Luego dará buena cuenta de ellas. Charlamos. Mueve su cabeza buscando los ojos de su interlocutor. Gusta de mirar a los ojos, de frente, seguro de sí, sin nada que ocultar, todo está a la vista.

Algo que se observa de inmediato en el hogar de Jesús es el afecto que se
respira, la tremenda carga de amor que inspira y transmite nuestro personaje.
Todo gira en torno a sus cuidados, a sus palabras. Su salón se ha convertido
en una pequeña UCI donde una legión de aparatos, vendas, cánulas y demás,
se encuentran dispuestos para reaccionar ante la menor eventualidad de
los “mocos” de Jesús, producidos por una traqueotomía que, de momento, su
cuerpo no acepta del todo.

Pero eso no importa, al menos cuando no están ahí y él puede sonreír y
charlar, porque, abandonado por sus músculos, su fuerza está ahora en la
palabra, en el relato de sus experiencias, en bromear acerca de los tubos que le salen de su cuerpo de aquí y de allá, de sus experiencias con sus hijos, con sus cuidadoras, con sus amigos, en la última de las adaptaciones que su siempre leal Rafa le está preparando.

Tras unos momentos de conversación con él la enfermedad se disipa, el cuerpo ya no importa. Ahora prevalecen sus palabras, sus gestos, sus sonrisas…Andamos por la vida cargados con nuestros “problemas” que rondan y abotargan nuestra mente en perenne cantinela de anhelo y queja; problemas que nos impiden ver lo que sucede a nuestro alrededor, apreciar un gesto, valorar lo realmente valioso… Jesús lo tiene claro y mira con la distancia que brinda la sabiduría nuestras tribulaciones, nuestras preocupaciones, nuestras prisas.

Me despido de él con la pena de no poder compartir más momentos por la
premura del viaje. Él sonríe, siempre sonríe… Lo dejo en su salón UCI-sala de
reuniones. Un salón muy lleno de máquinas para su cuidado, pero también de amor, mucho amor. Salgo de su casa y los problemas ya no están. Lo que al entrar pesaba como losa ahora se disipa. Ahora solo queda lo importante: una sonrisa y unas palabras de afecto.

Nicolás

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2 Comentarios to “Sonreir y hablar”

  1. ascension dice:

    Hola Nicolas como me alegro de ese gran hermano que tienes,me ha emocionado lo que has escrito de el , que gran familia sois darle un fuerte abrazo a Jesus, su mujer por ser una gran luchadora y a sus dos hijos

  2. Elena Contreras dice:

    Nicolas, esa sensación que describes me la transmitía la anterior presidenta de la entidad que dirijo. Entraba con dolor y pena a su salón y salía flotando, ligera de cargas, de problemas. Hay seres excepcionales que cuando padecen una patología como la ELA se vuelven magníficos.

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