Una nueva amiga

No soy ni he sido en mi vida escritor. Quizás por eso me sorprendió tanto que después de escribir con mi hermano “El Ángel blanco” comenzara a recibir cartas de lectores que me decían lo que les había parecido el libro. Lo que más me llamó la atención fue que en ellas se hablaba de sentimientos, de experiencias personales, de anhelos del alma … había logrado que estas personas pensaran y me abrieran su corazón.

Bien pensado era lógico que fuera así ya que aunque inicialmente el objetivo de mi libro era dar a conocer mi enfermedad la esclerosis lateral amiotrófica (y creo que se quedó cumplido explicando en qué consiste la problemática actual de los enfermos junto con la ayuda que necesitamos), después empezaron a salir cosas de mi interior, de lo que sentía, de cómo había encajado desde dentro la nueva situación que se planteaba en mi vida con la llegada de la enfermedad. Así fue como empecé a compartir y a abrir mi corazón.

Y sin darme cuenta al contar mi experiencia lo que hice fue dar a los demás esas inyecciones de cariño de las que tanto hablo en el libro. La respuesta que yo no había previsto era que al dar ese cariño me fue devuelto en forma de otras inyecciones que  me ofrecían  personas que no conocía. El cariño es lo que nos hace movernos a todos y cuando compartimos nuestras vivencias se genera un calor que permite que dos personas desconocidas compartan sus más íntimos sentimientos

Esto lo cuento porque quería compartir una de estas cartas en la que conocí  a una nueva amiga. Me llegó por correo y estaba escrita a mano con una caligrafía preciosa en la que los inicios de párrafo comenzaban con una letra adornada. Pero eso no era lo importante sino la capacidad de comunicar con sencillez sus sentimientos, y decía que yo le había enseñado “..valores que nunca hubiese descubierto”. La capacidad del corazón y de la mente del hombre son ilimitados e independientes de la edad necesitando solo una actitud abierta. Por todo esto gracias amiga por tu cariño.

“Estimado y querido Jesús acabo de leer tu obrita  y me ha encantado. Escrita de una forma tan natural, amena y sencilla, con esa cantidad de anécdotas curiosas y divertidas. Pero sobre todo por la alegría, conformidad y paciencia con la  que llevas la enfermedad.

Yo soy cristiana, de comunión diaria, pero en cuanto me ocurre algo a mí o a los míos, me ahogo en un vaso de agua y no dejo de molestar a Jesús, a María y a todos los  santos. Tu libro me ha interesado mucho, ha llegado a mi corazón y me ha aportado valores que nunca hubiese descubierto.

He reparado como bien dices mi casa del alma y he descubierto que tengo que ir preparando mi maleta para el eterno viaje, aunque siempre habrá alguna pega con el pasaporte.

No me tienes que dar gracias por haberte leído, soy yo la que las tengo que dar por la valentía, la sencillez y la claridad con la que está escrito y la cantidad de cosas que yo he aprendido con su lectura.

Afectuosamente os saluda a toda la familia J.A. 90 años“

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